Planeta Cuento (o cómo construir una historia juntos)

Suenan las primeras notas de When The Saints Go Marching In en el Centro Cívico de Arrecife, mientras decenas de personas acceden al recinto y se reúnen con naturalidad en corros concéntricos, alrededor de la música y del stand de álbumes ilustrados del Festival.

Los responsables de los ritmos jazzísticos y klezmer son el Cuarteto Saravasti (clarinete, trompeta, guitarra y percusión).

Con la energía de la música inoculada, los espectadores entran en la sala y toman asiento. Tarda poco en salir Cristina Temprano al escenario, jaleada con un fuerte aplauso. Ella cuenta la primera historia de la noche: la que a su vez ha contado el ilustrador Adolfo Serra en el cartel de este 5º Festival del Cuento Contado de Lanzarote. El protagonista del minicuento es un mensaje, una palabra, una hoja roja que tiene que atravesar todo un bosque hasta llegar a un destino llamado Él.

Cristina continúa convirtiendo en fábula una realidad que ha ocurrido esta misma mañana y que tiene como protagonistas al propio Adolfo, un bestiario muy humano (la insatisfecha, el refunfuñón, el gris, la egoísta…) y la decidida voluntad de dejarnos acariciar por el sol y sonreír. Porque sí, porque la vida son dos días. Cristina construye el cuento junto al público, que sugiere colores y tararea con ella. La historia toma consistencia colectiva.

Boni Ofogo entra al escenario ataviado con una preciosa túnica naranja. Todavía no ha pronunciado una palabra y ya ha captado la atención del auditorio. Su voz es poderosa, ligera, maleable, profunda como las raíces de un árbol viejo. El humor salpica su historia de principio a fin. Regala semillas de baobab, el árbol más importante de África, y nos recuerda que nosotros también procedemos de una semilla. El público exclama, ríe, canta y acompaña. Hay electricidad en el ambiente. Ganas de escuchar y de participar como coro.

Gema Gutiérrez se presenta con una adaptación contemporánea de la Cenicienta, con perdices comidas en todas las texturas y una historia de emancipación y autodescubrimiento, apuntalada por la necesaria presencia de un Hada Basta. El cuento se lleva a un terreno propio, se versiona con desparpajo y termina diciendo “basta” a príncipes subyugadores y a zapatos que encorsetan la libertad de los pies.

Valer´Egouy cuenta en francés y también con la complicidad y la traducción simultánea de Cristina Temprano. Lo que puede parecer algo farragoso sobre el papel, se convierte en magia por partida doble: él público entiende el tono y a veces no le importaría prescindir de la letra; la traductora-narradora media entre Valer y el público, enriqueciendo la narración con la espontaneidad del directo. En La Martinica narran cuentos interactivos y hoy participamos de uno de ellos, protagonizado por un hombre, una mujer y un dios.

Isabel Bolivar se atreve con un cuento africano. La oralidad en África, ya lo veíamos con Boni, es fuente de conocimiento y comunicación. La tradición oral es fundamental para enseñar valores como el respeto o las responsabilidad. Los niños aprenden a hablar contando. Isabel nos sumerge en una historia con un árbol cargado de frutos y una ¿inesperada? heroína final.

La voz a capella de Patricia McGill cantando la más popular de todas las canciones populares irlandesas, Molly Mallone, llena toda la sala. Tiene la capacidad de trasladarnos, con expresividad y precisión, a la misma puerta de una taberna llena de pescadores. Realidad y ficción onírica se confunden.

Héctor Urien cierra la noche. Nada más aparecer en el escenario recibe las risas cómplices de parte del público, que ya conoce su universo y su espíritu narrador por  haber compartido volcanes y catamarán días atrás . Héctor cuenta sobre su oficio: contar. Sobre lo que se les pasa por la cabeza a esas criaturas de “exigencia insobornable” llamadas niños. Sobre lo que significa el amor para ellos. Sobre el más exótico de los amores, extraviado en el cielo de los amores.

 

 

El realismo mágico de Patricia McGill

Patricia McGill nació en un país pequeñito, se mudó pronto a un país alargado, luego a uno frío y más tarde a una ciudad entre ríos, mar y montaña. De Uruguay a Chile, pasando por Suecia y terminando (o no) en Barcelona y el diminuto pueblo de Florejacs.

Nos lo cuenta advirtiéndonos que ella se dedica a esto: a hablar de sí misma. Al rato nos enteraremos de que su realidad se trenza con fragmentos literarios del realismo mágico y del surrealismo, que teje con su experiencia de vida.

Estamos en el tercer teatro más antiguo de Canarias, en el de la Villa de Teguise (1825). Sobre el escenario: una iluminación tenue y cálida, una silla de madera y un reloj de bolsillo colgado del respaldo. Patricia sale despacio, como quien entra en un salón a presentarse.

Lo que sucede después son historias de personas que cruzan su mirada en el espacio, mujeres que viven en la luna, viajes en caída libre con sabor a Magnolia (la película de Paul Thomas Anderson), descripciones de vecindades, observaciones concisas, precisas y transgresoras de la cotidianidad…

Patricia consigue que el aroma a café impregne toda la sala, sin necesidad de que haya cafeteras encendidas en los alrededores. Logra que nos revolquemos con salsa de tomate y nos entreguemos a una pasión rocambolesca en los fogones de un palacio italiano de mediados del XIX…

Golpea con el pie, canta, tararea, susurra, usa los brazos para abarcar un grito, se pone al borde de una crisis nerviosa…

Con ella calculamos la progresión menguante del protagonista de otra de sus historias y viajamos para conocer por qué la pizza margarita se llama pizza margarita. Profundiza en la realidad a través de lo mágico que encuentra en ella.

La vida está llena de cosas pequeñas y absurdas, casualidades, intersecciones, magias y paralelismos que Patricia cuenta con precisión quirúrgica y cámara documental.

Las Miradas con eco, así se titula su espectáculo, son lo que pasa aquí y ahora: la reacción de los espectadores a la historia que cuenta, su mirada de vuelta. Las de ayer noche en la Villa de Teguise fueron de asombro, diversión y revolución.

De Patricia McGill se sale con la teoría de que la realidad supera a la ficción, con radicales ganas de mirar el mundo con ojos nuevos.

 

 

“Aplica tu naturaleza a tus dibujos”

Esta noche, la obra de Adolfo Serra (Teruel, 1980) ha tomado pacíficamente la escuela de arte Pancho Lasso. Sus ilustraciones se proyectan en la entrada y en las urnas expositivas el público se sumerge en los microuniversos del ilustrador: bocetos, cuadernos y originales del autor, que dibujan un paisaje delicioso gracias también al trabajo de diseño y ambientación que ha desarrollado Teresa Díe, directora de arte y recreadora de espacios.

Un delicado manto de hojas. Un bosque fabricado con tallos de plantas secas. Esqueletos de erizos de mar pintados de negro. Callaos recogidos de la marea y pintados con las siluetas del imaginario de Adolfo Serra. Pruebas de color, originales de El bosque dentro de mi, retazos de Caperucita, ilustraciones sobre la obra poética de Pessoa y Neruda… Hasta el próximo 18 de noviembre, la escuela de arte lanzaroteña albergará esta exposición que homenajea el trabajo del ilustrador.

Ya en el salón de actos de la escuela, nos sentamos para escuchar cómo Adolfo se asoma al folio en blanco y a otros abismos. “Las imágenes hablarán por mi”, adelanta. Tras los agradecimientos, una apreciación como ex estudiante: “Es un lujo estar en esta escuela de arte; me hubiera encantado que alguien me explicara los procesos y problemas de un ilustrador cuando era alumno”, dice.

Estudió Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Complutense de Madrid. Le encantaba desarrollar conceptos con imágenes, pero pronto descubrió que en el mundo publicitario, el arte estaba subyugado por las leyes de la empresa. Aquello no era lo suyo. Se marchó a Inglaterra, se dio cuenta de que sabía menos inglés que el que pensaba y empezó a trabajar en un Starbucks. En sus ratos libres dibujaba. “Era lo que me hacía feliz”. 

Así decidió volver a estudiar. Esta vez en Arte Diez, una sección de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid nacida en 1907. Quería enfrentarse al folio en blanco sin miedo, para jugar y disfrutar. Mientras sus amigos hablaban de hipotecas, él aprendía a dibujar con ceras. “Ah, qué guay, estás haciendo lo mismo que hacías de niño”, le decían. Era el “rarito” del grupo.

Con la cabeza mejor amueblada que cuando entró en la facultad, Adolfo retomó los lápices y empezó a colaborar en algunos de medios de comunicación (El Mundo, ABC). Para él, ilustrar es “vivir en mi cabeza”, “generar mundos”, “buscar ideas”. 

Cada proyecto es diferente. “A partir de un garabato puede aparecer una criatura”. A veces utiliza materiales profesionales, otras veces usa “acuarelas del chino”. “Soy un pequeño dios en este mundo que creo”, dice Adolfo, entre las sonrisas del público. Experimenta, busca lenguajes para desarrollar personajes… “Sois lo que lleváis en la mochila, vuestras experiencia, eso es lo que nos hace únicos”.

“Un ilustrador es un traductor visual de un texto”, dice Adolfo. Cita a la ilustradora Elisa Arguilé, que habla de “reconstruir un mundo interior”, de hacerlo visible y de encontrar “lo que está oculto en el texto”. “Ilustrar es iluminar, enfocar”. Es también tener capacidad de observación y es, sobre todo, “tomar decisiones”.

“Suelo decir que un álbum ilustrado es como un collar de perlas: las perlas son los dibujos y el hilo que las une es el texto”. Debe existir una complicidad, una complementariedad.

Las buenas imágenes son “las que generan preguntas”, las que estimulan e invitan a pensar, dice mientras enseña diferentes formas de dibujar la lluvia.

Adolfo nos enseña el proceso creativo que siguió para desarrollar Caperucita (Narval Editores), un libro sin texto del cuento clásico que popularizaron los hermanos Grimm. Su objetivo era que el lector desarrollase su pensamiento crítico. Adolfo dibuja mapas mentales que le ayudan a saber qué hay más allá del lobo y de la niña. ¿Qué es el miedo? ¿Quién lo representa?

Además de estudiar los conceptos y racionalizar el proceso, Adolfo hace bocetos libres y permite que su mente juegue. Un día, frente al papel en blanco, tenía pintura marrón sobrante en el pincel. Le dio pena tirarla y trazó unas líneas en el papel que le parecieron árboles. Así surgió un boceto de bosque. A veces es el azar.  Pero la mayoría de las veces “hay que mirar dentro de uno mismo”. “Me preocupa un poco el canibalismo ilustrado: que los ilustradores nos fijemos mucho en el trabajo de otros ilustradores”.

Muchos profesores y padres le preguntan por el final del libro. Él se niega a darles una respuesta concreta. “¿Qué te parece a ti? La interpretación es cosa del lector. “Quería que el niño también entrase en el juego de las metáforas visuales”.

Adolfo imparte talleres de ilustración en colegios y combina su trabajo de ilustrador con el de formador. “Lo que más me gusta es ver cómo los niños interpretan mis dibujos”, dice. “Es terrible ver cómo el sistema educativo se carga la plástica, la música, la filosofía y otras artes. No se trata de aprender a recortar o a pintar, la creatividad es aprender a resolver problemas, tener una actitud crítica, saber plasmar nuestras ideas”.

La creatividad es aprender a resolver problemas, tener una actitud crítica, saber plasmar nuestras ideas

Los álbumes ilustrados son una forma genial de que los niños tomen contacto con un arte que pueden manipular. “Son su primer museo”. Un museo donde se puede tocar y jugar.

En la pantalla se ve una ilustración de La piel extensa (Edelvives), una antología de Pablo Neruda, a la que se enfrentó con mucho respeto y ganas. “Me gusta mucho ilustrar poesía”. Para este trabajo, se documentó mucho: ¿qué coleccionaba Neruda?, ¿qué tipo de aves podía haber llegado a ver? Leyó, vio documentales…

Una historia diferente, el primer libro que ilustra y escribe, fue exactamente eso: un libro diferente.  Editado por Libre Albedrío, ha sido catalogado como uno de los 200 mejores libros de literatura infantil y juvenil del mundo. La selección la realiza la Internationale Jugendbibliothek (Múnich), la mayor biblioteca internacional especializada en este tipo de literatura. Hasta que Mariate Die no se lo dijo, no había reparado en que usa la naturaleza para contar cosas. Es su gran metáfora.

De una forma o de otra, su batalla pasa por “hacer libros que emocionen”. El bosque dentro de mi empezó a forjarse con un juego. En octubre, muchos ilustradores juegan a subir dibujos a tinta a las redes sociales. Él decidió participar y se dejó llevar. Salió un niño, un bosque, un monstruo… Luego se dio cuenta de que ahí había una historia. Así se gestó el libro sin palabras editado por el Fondo de Cultura Económica y ganador del XIX Concurso de Álbum Ilustrado ‘A la orilla del viento’.

Para acabar la charla Adolfo habla sobre la ilustración que desarrolló para el cartel de Palabras al Vuelo. Cuando Trib Arte, la asociación que organiza el festival, se lo propuso y vio quiénes eran los autores de otros años (Barrenetxea, Metola, Odriozola), se dijo: “Me hago caca”. Carcajadas entre el público. Al final decidió contar la historia de una palabra que se lanza como una hoja. El viaje de algo efímero pero con peso.

Para terminar, selección musical de Naima, cóctel y preguntas con valiosas respuestas:

  1. El proceso creativo es una montaña rusa
  2. Aplica tu naturaleza a tus dibujos
  3. El dibujo es como un músculo: hay que entrenarlo. La mano tiene memoria.
  4. Viaja siempre con un cuaderno y ya verás cómo cambia todo
  5. Márcate límites para ayudarte a tomar decisiones.
  6. Relájate, juega, déjate llevar por la intuición.

¡Gracias, Adolfo!

 

 

La pirotecnia de la voz en ‘on’ (II)

Las palabras vuelan por colegios e institutos de Arrecife, Haría, Teguise y San Bartolomé; una oportunidad única para que 900 futuros adultos de entre 4 y 17 años se acerquen al arte de la palabra. Será la primera vez que muchos escuchen una historia, sin más pirotecnia que la voz en on. Sigue leyendo

Haciendo historias en Montaña Cavera

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Entre Soo y Famara, un pequeño letrero señala el punto de encuentro: la base de Montaña Cavera, un pequeño volcán (81 m) de origen hidromagmático que se alinea con otros hijos de la geología insular (Montaña Chica, Juan Hierro y Pico Colorado) en un collar de conos que transcurre paralelo al litoral norteño de Lanzarote. Es el primer narrador de la mañana: el paisaje.

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El érase una vez de Martha Escudero

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Pantuflas en los pies, mandil-bata de casa, pelo recogido y toda la maña del universo reunida en una sola mujer, capaz de convertir cualquier teatro, plaza o habitación en su reino doméstico. Sigue leyendo

Elena Castillo: animaladas y mandalas

12187699_501879379990608_7400582957127130758_nElena Castillo es una excepción desde que surge por primera vez en el escenario y hasta que desaparece entre bambalinas llevando en las manos una caja vacía que hace un momento estaba llena de pequeños patos de goma. Sigue leyendo

Zapilotes de fábula

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Luces de colores, dibujos y una campanilla como timbre anunciador. Son las once de la mañana y Martha Escudero sale a escena. Estamos en la Biblioteca Infantil de Arrecife y la narradora mexicana comienza, sentada, una sesión de narración oral para bebés de uno a tres años de edad. El aforo está completo.  Sigue leyendo

“Todas las vidas merecen ser contadas”

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Cuatro tambores abren la noche. La percusión y el ritmo del candombe marcan el comienzo del espectáculo, primero en el patio del Centro Cívico de Arrecife, y luego en el interior. Acompañado por palmas y baile, el desfile entra en el salón.

El urgente cambio de escenario (la ruta de cuentos está pensada para recorrer cuatro plazas de la ciudad, pero llueve tanto que se cancelan las actividades al aire libre) obliga a hacer una nueva puesta en escena, ahora bajo techo. Objetivo: convertir un salón de actos en un espacio con la atmósfera que necesita la escucha. Sobre el escenario: un caballete con el cartel de Palabras al Vuelo y pequeñas lámparas en el proscenio. Dos focos en los laterales dirigiendo la luz hacia el lugar donde aparecerá la primera narradora de la noche. Sigue leyendo

Los porqués de Patricia Metola

DSC_0870Patricia Metola (Madrid, 1974) creció entre libros y palabras. En clase se dedicaba a escribir para combatir el aburrimiento. “Pensé en estudiar Periodismo, luego me dije que mejor Bellas Artes y acabé en Diseño Gráfico”, cuenta en la escuela de arte Pancho Lasso (sala casi llena, lluvia torrencial en el exterior). Pero la necesidad de narración seguía ahí, rondándole la cabeza, hasta que un día se hizo una pregunta clave: “¿Y por qué no?”.  Sigue leyendo

El origen y el fuego

Conducir  por la LZ56 una mañana de domingo es uno de los mayores placeres visuales que podemos regalarnos en Lanzarote. Ya en el Parque Natural de Los Volcanes, rodeados de voluptuosidad geológica y una paleta de ocres nacidos en el … Sigue leyendo






‘Giungla’

Si Rudyard Kipling viviera, le preguntaríamos por Giungla, un cuento protagonizado por un niño maltratado (Mowgli), un villano explotador (Shere Khan) y un grupo de vagabundos y prostitutas (Baloo, Bagheera y compañía) que viven en las alcantarillas armados de  honestidad, como les dejan. Durante … Sigue leyendo






‘Brujarella’: libros para lectores y no para edades

A estas alturas de siglo XXI quien considere la ilustración un arte complementario o segundón, es que no ha tenido la oportunidad de ver los trabajos de Gustave Doré, Quentin Blake, Iban Barrenetxea o Valeria Gallo.  Siendo así, esto se solucionaría con … Sigue leyendo






Una noche con Iban Barrenetxea y los ‘Homo Narrans’

“No ilustro libros porque me guste dibujar, sino porque me gusta contar historias. Me da lo mismo que sea una canción, una película, o un libro. Contar historias es alucinante”. Así comenzó ayer el ilustrador Iban Barrenetxea un encuentro con … Sigue leyendo






Vientos que soplan letras, que construyen nombres

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El patio del Palacio Spínola, hermoso ejemplo de arquitectura señorial lanzaroteña y sede de la Casa Museo del Timple, acogió la mañana del domingo 21 de julio una nueva presentación de El sueño de Omar (Ediciones Salitre, 2013). La música de La banda del cuento fue la cicerone de este cuentacuentos familiar que clausuro nuestro Festival. Los cinco movimientos de la suite El sueño de Omar, compuesta por los músicos Tito González y Ayoze Rodríguez, condujeron al público a través de la historia escrita por Fernando Castanedo, narrada por Cristina Temprano (español) e Íñigo Castanedo (inglés), e ilustrada por Teresa Die. Sigue leyendo

Alberto Sebastián o el surrealismo de los cuentos que no se escriben

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Un viaje por la tradición oral de España, Inglaterra, Italia y Japón, que es tan didáctica, como ficticia, real y surrealista. El narrador santanderino Alberto Sebastián comenzó la noche del viernes con una declaración de intenciones. ¿Por qué recuperar y recontar los cuentos populares más antiguos? Porque tienen una “base real” y porque están hechos para ser contados. De las historias regias, donde manda la continuidad de la estirpe, al uso de nombres significativos en el entorno rural ancestral (como el trébede, un artilugio de hierro con tres pies que sirve para poner al fuego perolas y sartenes). De los acertijos a examen (“¿Qué cosa corre y no tiene pies? ¿Qué es amarillo, brilla y no es el oro?”) a las pruebas constantes que debe tolerar y superar el que ha encontrado el amor verdadero. Y que no se canse, porque jamás es una. Como mínimo son tres. Cuentos de quereres “tontos, fraternales, mágicos, trágicos, que como el querer mismo, a veces acaba bien, y a veces…”. A veces acaban muy mal. El querer intenso está presente en los cuentos populares: siempre una vinculación intensa, que teje la narración y le da sentido. Sigue leyendo

El momento fronterizo de Cristina Temprano

Cristina

Miedo a querer y a no poder sentir. A perderse de uno mismo y a no gustar a los padres de él. A que la pasión entre en declive. A gastar los minutos y que ella deje de ser epicentro para ser sólo esquina. Cristina Temprano captó ayer las realidades más escurridizas del amor y las contó en sus historias De amores y temores, en una Sala Librada que interactuó desde el primer minuto. Historias reales, y que si no lo son, lo parecen o lo pueden ser. El sentimiento del abandono. Que se marchen unos ojos verdes tan rápida e intensamente como vinieron. La mella que deja en el cuerpo de una mujer inteligente que ama como una tonta. O los amores arrítmicos. Te quiero y no me atrevo. No te digo nada.  Fundemos el club de los tímidos orgullosos, de caparazón armado. Caminos que se alejan y que hacen por volver a encontrarse. Cuando tú sí, yo no. Matrimonios que fluyen de forma rápida y conservadora por la línea temporal. Anillos entregados, casas compradas, procreación lograda y hogar en funcionamiento. Hasta que llega  la carta de un tercero. Sigue leyendo

Marcela y los calamares poetas

El sábado amaneció con una función muy especial: cuentacuentos para bebés, conducidos por la Ana G. Castellano. Sobre el escenario: cojines de colores, bancos y sillas. Marcela, otro relato basado en un libro publicado por la autora (Editorial Anaya), es la protagonista inicial de la mañana. A Marcela le pasa lo que a otros niños de la sala: que no pueden contenerse y dejan la cama empapada en caliente. Curioso ver cómo ríen los adultos y los niños miran muy fijo. La escena está llena de libros infantiles, papeles y colores, para que Ana cuente las andanzas de un calamar que escribe poemas con tinta de azul ultramar. Pasar la mañana del sábado compartiendo el idioma del tucán o conociendo a cocodrilos verdes que viven en baúles azules. Para aprender a identificar colores con canciones infantiles y libros de volúmenes emergentes. Un placer de la mano de una mujer que extrajo tres cosas de su paso por la Universidad Autónoma de Madrid: la certeza de que no hay nada cierto, “el privilegio de hacer buen teatro” y una licenciatura en Derecho.

Ana G. Castellano y las verdades-mentiras de los cuentos…

Ana G Castellano y sus amores puntuales

Empezar con una confesión: “Os voy a decir la verdad: los cuentos son mentira”. Para, acto seguido, explicar el quid de la cuestión: “Pero están llenos de verdades gordas. Sólo gracias a este precioso envoltorio de mentira, logramos mirar de frente esas verdades incómodas”. Ana García Castellano, escritora y narradora oral, comienza a corazón descubierto. Usando la ficción como potenciador del sabor de la realidad. Ya lo dice Martín Valmaseda en el prólogo de un libro de esta autora y contadora madrileña: “Agarras las palabras y las tiras al aire; las haces bailar, las cambias por otras, las juntas y las separas.  Ana va “in crecendo” durante su espectáculo para público adulto. Redescubre sentidos, juega y teje verdades a partir de ficciones. La historia de Maridudas Quiénsabe, que padece “inanición decisoria” y es capaz de sacar de quicio a la mismísima muerte. Un relato de acción protagonizado por nuestra digestión y nuestras vísceras, revolucionadas por la contención de un gas. Y un romance final entre un punto y una línea que se quieren hasta el infinito. Varios de sus cuentos se recopilan en Amores Puntuales, un libro distribuido por el proyecto editorial Sentido Sur. Los beneficios que genera su distribución (precio: la voluntad) financian los proyectos que gestiona la asociación ‘Como tú, como yo’ en Centroamérica y Ucrania. En la Sala Librada se agotaron los volúmenes que trajo la narradora, pero es posible hacer pedidos en www.comotucomoyo.org y www.anag-castellano.com

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El realismo mágico de Antonio López

Antonio López durante sus cuentos para despertar niños

Hay reinos de papel que sólo pueden levantarse con acordes de guitarra y estribillos cantados a coro. Hay humor clásico, efectivo de los 0 a los 100 años y que explota en una pirotecnia de carcajadas, gracias a abuelas como Juana (de mucho pecho, efusividad y bigote). Hay narradores como Antonio López que despiertan la inteligencia de los niños usando pocas herramientas pero contundentes: la palabra, el tono y una cadena de historias que transcurren por cercados, en bosques de gnomos y entre campos de animales envidiosos. Los niños se subieron al escenario de la Sala Librada para convertirsen princesas caprichosas, piojos, búhos sabios y osas amorosas pasadas por agua. Gritando, hablando, participando del cuento. Aplausos de niños, padres y abuelos. Risas y besos a la voz narradora, que al bajarse de las tablas muda su atuendo (de blanco, a negro) para contar Palabras como mariposas, un acercamiento a la teoría circular y a su delicado y potente influjo en nuestras trivialidades. El bostezo de un turista catalán perdido en Buenos Aires puede salvar a un niño de las fauces de un león en una reserva africana. El accidente de un electricista desconocido -que juega en el mismo tablero que nosotros, y es ficha de dominó igual que usted- puede afectarnos de forma circular, extraordinaria, casual y muy humana. Una metáfora fuerte de la inteligencia primate y del ‘modus operandi’ del poderoso. Ofrecer un plátano y matar al mono que descubre la trampa (porque detrás de la fruta, hay una jaula). La historia de Fulgencio, el médico, cosida con adjetivos y narrativa descriptiva. Con costumbrismo canario y magia en cada segundo de rutina. Una tarde con un hombre que abandonó “un oficio serio y responsable” para dedicarse a vivir en las medianías del sueño y la realidad.