La oralidad, patrimonio natural (IV)

Huele a fin de fiesta y a mar templado. Hoy surcamos la costa Sur de Lanzarote. Navegamos muy cerca del hábitat de 30 especies de cetáceos, a la vera de los Ajaches, el macizo más antiguo de esta isla vieja (15 millones de años la contemplan). 

A bordo de un catamarán contemplamos el patrimonio natural insular (frágil y crucial), y reivindicamos nuestro patrimonio lingüístico y etnográfico. Al timón de la voz: Isabel Cabrera adaptando un texto de Benito Pérez Armas que habla de la mar y de la humanidad, de la confianza y la fuerza, del destino y de la voluntad.

Esta orilla del Atlántico es una enorme cuna que nos mece al compás que marca Ana Griott. La contadora leonesa conecta el origen de la humanidad con la contemporaneidad y con su propia experiencia. Habla de fuego, de leyendas antiguas, de sentimientos que perduran al cabo de los siglos, de sexo, de risa, de dolor, de vida. De cero a cien en menos segundos que cualquier motor de inyección.

Así, y con un baile a bordo gracias a la música de Gopar y Carlos Pérez (guitarra y saxo), acaban cuatro días regados de palabras, de intentar comprender, de abrir mucho los ojos, de encontrarnos. La oralidad tiene ese poder. Nos conecta y nos fortalece.  

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