Pep Bruno y el erotismo documentado

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En 1995, se descubrieron en Barcarrota (Extremadura) once incunables emparedados en una de las habitaciones de la casa. En el hallazgo, se catalogó un libro de relatos eróticos firmados en el siglo XVI por Antoni Vignali. Su nombre: La Cazzeria (La Carajería). Cinco siglos después de redactadas, se cuentan en Lanzarote. Es sábado 18 de octubre, la noche es bochornosa y el conductor de estos cuentos es Pep Bruno, narrador, escritor y alumbrador  de onda larguísima. 

La naturalidad manda sobre el escenario. “Vamos a hablar de cosas que alguna vez tenemos en la boca o en la mano”. Así es. Fuera los eufemismos, pero ‘vade retro’  lo soez. Advertidos del tono y sabedores de las nomenclaturas  sexuales, comienza el primero de los relatos de La Cazzeria. Conviene saber, por cierto, que el texto original es un diálogo entre dos personajes reales pertenecientes a una prestigiosa institución renacentista de Siena. Lleno de parodias, de anticlericalismo y de naturales obscenidades.

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Pep Bruno nos lleva del siglo XVI al XXI en cuestión de una palabra. Del castillo con virgen recluida, a YouTube. De leyendas de barro y miembros, a los antídotos de la lujuria contemporánea (una mujer con ojos de pepino y esquijama de entretiempo).

Pep es educador y divulgador. Y no deja de serlo durante esta función de ‘Relatos eróticos de la tradición oral’. Si hubiera tenido que ganarse la vida de mesón en mesón, en la Francia medieval, apostamos a que hubiese encontrado la alegoría o el verso adecuado para ganarse una buena cena.  “¿Si os cuento un cuento me dais de cenar? Así funcionaba. Sólo los buenos pervivieron.

Grullas cocinadas en los altos hornos de una doncella enclaustrada. Picardías, necesarios símbolos, verdades escondidas y evidentes, emires, visires, bufones y mentiras. Pep Bruno transita con agilidad por los recorridos de la lengua, a lo largo de los previos, durante hechos, en medio de los incisos y en la cima de los clímax.  Los espectadores le corresponden con ganas y fidelidad.

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A Pep le gusta mencionar sus fuentes, divulgarlas, generar interés por el autor y la investigación. Como se acerca el final de la función, abandona el escenario para que se consume el bis pactado con el público. A su regreso, aplausos y una camiseta negra con una petición: “No al petróleo”. Tampoco va a irse sin aclarar que las fábulas de Esopo están llenas de referencias “al poder mal gestionado”.  Ya saben… esas zorras que mandan en ciudades de gallinas.

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