Sentir el plural, encontrarnos en las palabras (I)

Comenzar una aventura con los versos de Antonio Corujo significa medir el tiempo en palabras y olvidarse de los segundos. Sentir en plural y trascender nuestros respectivos ombligos.

Así ocurre la noche del jueves 27 de octubre en la Escuela de Arte Pancho Lasso, cantera de sensibilidades y espíritus críticos. El maestro intercala coplas, timple y chácaras. Tiene 83 años y recita de memoria las historias que escuchó de niño en la peluquería de su familia. Son versos sobre naufragios, políticos, paisajes y paisanajes, firmados por Gregorio Cáceres o Víctor Fernández Gopar (El Salinero) y que un siglo después continúan “de plena actualidad”.

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Sentada en un taburete, escucha Elena Odriozola, Premio Nacional de Ilustración 2015 y contadora de historias impactantes, elocuentes, meticulosas. Ha venido a Lanzarote dispuesta a responder una pregunta: ¿Qué significa ilustrar?

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“Ilustrar es contar historias desde mi punto de vista, interpretarlas, transmitir un estado de ánimo”, explica. Es algo que le ha acompañado siempre. Por el proyector desfilan algunos de sus trabajos (El aplastamiento de las gotas, Eguberria, Frankenstein… ). “Yo estoy en los dibujos que hago”, dice Elena, que siempre huye de los estereotipos. Habla de sus manías, de su método de trabajo (pocos bocetos, mucho proceso mental) y de sus técnicas preferidas. No dice nada que no signifique algo.

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Después vienen las preguntas, los autógrafos y la inauguración de una exposición dedicada a su obra. Teresa Die (Ediciones Salitre) ha recreado el microcosmos de Odriozola en varias vitrinas transparentes donde conviven con sentido y sensibilidad obras originales, álbumes, callaos de mar, pequeños trozos de vidrio y siluetas recortadas.   

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A 15 kilómetros de ahí, en la Biblioteca de Teguise, las escritoras Ana Griott y Mª Jesús Alvarado presentan el libro Cuentos antiguos de Gran Canaria recogidos por los niños. Sus 184 páginas son la valiosa cosecha obtenida después de un año de investigación sobre memoria oral con alumnos de Primaria y Secundaria. Los niños se sentaron a oír las historias de sus abuelos y las hicieron suyas. El resultado: un puente de escucha entre generaciones, un recopilatorio que preserva el patrimonio no escrito, dando voz y voto a los más jóvenes, enseñando las preguntas universales que encierran las historias heredadas.

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